Amanecer esta semana con la noticia de la muerte de David Bowie fue algo así como recibir un gol en el primer minuto del partido. Yo fui de los millones que publicamos algo en honor a Starman. Y la verdad es que lamento más su partida por lo que sé que significó para la cultura pop que por haber sido fan de su música. Y es que, a decir verdad, yo estaba muy pequeño cuando él vivía el esplendor de su carrera musical.En mi casa el espectro musical estaba copado por los gustos de mis hermanos mayores. No quisiera profundizar mucho en ese tema, pero para que te des una idea te puedo decir que me sabía de memoria todas las canciones de Camilo Sesto, Raphael, José José y, en el mejor de los casos, ABBA, Kiss y Air Supply. O sea, yo era un chavito de menos de diez años. No fue culpa mía que a mis hermanos no les gustara la tendencia británica de aquellos años. Ahí sí que ni modo.
Creo que mi primer encuentro con el Camaleón del Rock fue cuando vi Laberinto. Y debo confesar que quien acaparó mi atención, casi de forma platónica, fue Jennifer Connelly. Tuvieron que pasar años de madurez musical para que yo empezara a disfrutar canciones como Starman, Space Oddity, Life on Mars? y The man who sold the world.
Starman ha decidido continuar su travesía por la galaxia. Agradezco su visita a este planeta y le deseo el mejor de los viajes al infinito y la eternidad.
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