07 julio, 2015

INTENSAMENTE



Escuché varios comentarios, todos ellos abrumadores, en el sentido de que Intensa-mente es una excelente película, así que por fin la vi y ahora entiendo la razón de los halagos. Está muy bien realizada, con una estructura tradicional bastante precisa y un tema atractivo para el público en general. Vamos a desmenuzarla para descubrir sus aciertos y fallas.


   El primer acto nos pone en antecedentes y es muy puntual al presentarnos, primero que nada, a la protagonista, Alegría, y acto seguido, a su antagonista, Tristeza. Podríamos confundirnos y creer que Riley es la estrella; mas no es así, ella es la arena dramática, el lugar donde se desarrolla el conflicto y el eje de la subtrama. Durante el planteamiento también conocemos al resto del reparto: las demás emociones y los padres de la chica. Hasta aquí todo bien, demasiado bien. Riley es una niña extraordinariamente feliz. Tiene papá y mamá enamorados, es recibida en un entorno de total armonía y sin más dificultad que el ser niña; en fin, parece un mundo perfecto. Dos cosas me vienen a la mente con esta propuesta. ¿Cuánta gente puede identificarse de forma genuina con Riley? Yo creo que casi nadie, y eso es una falla. Lo que sí es un acierto es toda la teoría psicológica que hay detrás para mostrarnos la mente de la niña y la forma en la que operan sus vivencias y recuerdos para formar su personalidad. Aquellos adultos que tengan niños pequeños o que estén pensando en concebir deben de poner mucha atención a los primeros minutos de la historia y darse cuenta de cómo afecta en el pequeño todo lo que ve desde el momento en que abre los ojos.
   Los personajes son otro tema. El hecho de que Alegría sea feliz, Tristeza, afligida, Temor, miedoso y demás es lógico; pero cae en el estereotipo. Eso sí, se nota un intento por matizar a cada uno de los “personajes-emociones”. No es fácil por la naturaleza de la historia y ahí entramos en un embrollo. ¿Cómo vamos a lograr la transformación de la protagonista y la antagonista? Al rato abordamos este asunto.
   En resumen, el planteamiento es bueno, funciona. Nos declara que la película se trata de las emociones humanas y que el tema es el amor filial. Dibuja a la perfección la vida cotidiana de los personajes hasta que se da un acontecimiento que pone al mundo ordinario de cabeza. La familia de Riley se muda de Minnesota a San Francisco. Las cosas se alteran en el Cuartel General de las emociones y a los pocos minutos nos encontramos con el incidente que detona la aventura: Alegría y Tristeza son enviadas accidentalmente al laberinto de la mente de Riley. Empieza el segundo acto.
   Durante el desarrollo vamos a ver a las protagonistas en la clásica historia de “encuentra la salida del laberinto antes de que el mundo sea destruido”. Y literal, ambas emociones inician el retorno mientras ven a su alrededor cómo se derrumba el universo de los recuerdos de Riley. Los obstáculos van en aumento, uno cada vez más complicado que el anterior. Un ir y venir de momentos de falsa victoria y falsa derrota. Aparece Bing Bong, personaje que sirve para cumplir varias funciones importantes. Es el tonto que ocasiona problemas, pero también es el guía a través de lo desconocido. Él termina por ser el héroe trágico que se sacrifica en beneficio de los demás. Antes Disney no le tenía miedo a mostrar la muerte de sus personajes, ahora ya no es tan explícito; pero el recurso es el mismo y es un ingrediente indispensable en cualquier arquitrama.
   Otro acontecimiento muy importante, y que da el giro para contribuir a la transformación de las protagonistas, es cuando Alegría tiene su anagnórisis. En el basurero de los momentos olvidados ella se da cuenta de que los recuerdos se forman de varios sentimientos y de que la alegría existe gracias a la tristeza. A partir de ese descubrimiento su forma de ver a Tristeza cambia por completo.
   Durante el clímax encuentro una falla que me parece un detalle desafortunado del guión. Me refiero a la forma en que Alegría consigue alcanzar a Tristeza que viaja en una nube. Es cierto que durante toda la película aceptamos la propuesta de que en la imaginación de la niña puede haber cosas loquísimas. Sin embargo la fantasía también tiene sus reglas y se deben plantear antecedentes para ajustarse a su propia lógica. Lo preferible hubiera sido que Alegría resolviera su problema con alguna habilidad propia en vez de hacerse una escalera de clones del galán imaginario de Riley. Esto traspasa la frontera de lo que el espectador está dispuesto a aceptar. En otras palabras, y para citar a los clásicos griegos, es un Deus Ex Machina.
   El tercer acto empieza cuando Tristeza y Alegría han logrado regresar al Cuartel General. El desarrollo es demasiado largo y, como estas películas no deben durar más allá de noventa minutos, el desenlace es muy corto. La secuencia donde Riley se arrepiente y regresa con sus padres es muy sencilla y otra vez, carente de matices realistas. Por otro lado, nos encontramos con la transformación de protagonista y antagonista. Vemos atisbos de tristeza en Alegría y viceversa. Lo más gráfico es que, en la primera escena vimos cómo Alegría no quería dejar que Tristeza tomara los controles emocionales de Riley. Al final, le pide que lo haga porque ya aprendió el valor y significado de la tristeza y porque además, sólo ella puede solucionar el problema.
   Es así como, después de analizar con más detalle Intensa-mente, llego a la conclusión de que sí, en efecto es una buena película. Sigue la receta tradicional que tanto éxito le ha dado a Disney, así en estructura como en tema y tratamiento. No es una historia novedosa ni rompe ningún molde. Tiene los ingredientes clave para funcionar y algunas fallas que impiden una total identificación con el público, los personajes se quedan cortos. Dudo que Alegría o Riley logren el impacto y simpatía que en su momento tuvo un personaje como Bu, de Monsters Inc. Y como dijo Galileo: “y sin embargo, se mueve”. Tiene éxito y se lo merece.
@xosemamero

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